El Despertar Astral
Las constelaciones han caído sobre la tundra de amatista. Abres los ojos con el frío del cristal bajo la espalda y un único recuerdo latiendo en la memoria: la advertencia de la esfinge plateada. «Ninguna puerta se abre dos veces».
A lo lejos, dos luces rompen la penumbra. Hacia el este, unos pilares de obsidiana vibran con un zumbido grave, como si el mismo cielo respirara entre ellos. Hacia el oeste, una esfera suspendida en el aire susurra en un idioma que casi entiendes.
El anillo de ceniza en tu dedo se entibia. Sea cual sea el camino, el laberinto ya sabe que has despertado.